La cobardía de la banda criminal Farc ya sobrepasa cualquier límite. Abandonar artefactos explosivos junto a una escuela agropecuaria es un acto de terror sin definición posible, sobre todo cuando los autores saben que serán encontrados por niños inocentes que al manipularlos ponen en riesgo sus vidas, como sucedió en Jambaló, Cauca, donde tres niños resultaron con graves heridas en un baño del Instituto Técnico Agropecuario de ese municipio.
Las víctimas de esta nueva ‘acción revolucionaria’ fueron identificados como Jean Carlos Cuetia Fernández de 10 años de edad; Eivar Yarid Pacho Cuchillo, de 11 y Liberio Tacua, de 12, los menores fueron trasladados por el Ejército a la ciudad de Cali para ser atendidos; ojalá que estos no sean los gestos de paz que la ex senadora liberal Piedad Córdoba va a celebrar próximamente.
Seguramente en estos días volverá a agitarse el tema de los secuestrados y las liberaciones unilaterales por parte de la narcoguerrilla; aparecerán comunicados donde culpan al gobierno de cualquier cosa y tapan la realidad de los actos terroristas de Tumaco, Villa Rica, Cajamarca y ahora Jambaló, serán otras víctimas silenciadas por unas ONG cuyo único interés es promover la imagen de los victimarios.
De hecho ya y de manera cínica los narcoterroristas publicaron en su página de Anncol un comunicado en el que niegan su responsabilidad en los actos criminales que han afectado la población civil del Cauca y el Tolima; ”Es absolutamente falso que las Farc-EP hayamos emprendido algún tipo de campaña terrorista”, afirmó la narcoguerrilla comunista, en su web (www.farc-ep.co). “Nada más lejano de nuestras convicciones que las acciones indiscriminadas contra la población civil. Nuestros únicos objetivos militares son las fuerzas armadas del Estado colombiano y las bandas criminales a su servicio”, dicen de manera perversa.
No es de extrañar que ahora Ciudadanos y Ciudadanas por las Farc y otras ONG comunistas, saquen comunicados y den conferencias en los cuales adviertan que es necesario nombrar comisiones para establecer quiénes son los autores de los atentados que han cobrado la vida de 15 humildes colombianos y han dejado más de un centenar de heridos.
Lo irónico e inexplicables es que mientras el Ejército Nacional es condenado por los jueces de la república a pedir perdón público en la Plaza de Bolívar por haber recuperado el Palacio de Justicia en los hechos del 5 y 6 de noviembre de 1985, esos mismos jueces mediante leguleyadas anulan las pruebas que demuestran la existencia de una cadena criminal que favorece material e ideológicamente a las narcoguerrillas, es más, de manera absurda considera que hechos como los de Tumaco, Villa Rica o Cajamarca son efectos colaterales de la lucha política de las Farc y por ende las conductas de los bandidos deben juzgarse con laxitud o debe eximírseles de las penas.
Los terroristas en su comunicado vuelven a insistir en el tema del canje. La de Colombia es una “guerra que puede ser regularizada con acuerdos de canje de prisioneros” y “puede ser terminada con una salida dialogada, política, sin imposiciones arrogantes”, dice la narcoguerrilla, haciendo eco de las declaraciones de Piedad Córdoba. Las Farc habían anunciado la puesta en libertad de seis policías y militares que mantienen secuestrados desde hace más de 12 años, pero el pasado martes aplazó indefinidamente la liberación, argumentando que el área para la entrega había sido militarizada.
La suerte de los pobladores de humildes municipios del suroccidente colombiano no importa nada a las ONG comunistas que arrecian su tarea por limpiar la imagen de la narcoguerrilla; jugando con el dolor de las familias de los secuestrados pretenden anestesiar a la sociedad sobre la realidad de estas bandas criminales y narcotraficantes que nada tienen de revolucionarias o proletarias. Decía hoy un maestro de Jambaló que le han dicho a los cabecillas de las estructuras criminales que no involucren a los niños y adolescentes en el conflicto, la respuesta del terrorista fue: “¡La guerra es pa’todos!”, clara muestra de la verdadera ideología y de las verdaderas intenciones de estos desalmados asesinos.
Esta en mora la sociedad colombiana de movilizarse masivamente para rechazar cada acto terrorista de las Farc, para solidarizarse con su Ejército en el combate frontal a esos factores de violencia que impiden nuestro crecimiento social, económico, cultural, político; así como el pueblo español derrotó a la ETA movilizándose cada vez que los terroristas actuaban, debemos responder a cada acto criminal de las narcoguerrillas y sus aliadas las bacrim, rechazando cualquier intento mediático para cambiar la realidad de los bandidos que quieren imponernos de cualquier manera su guerra criminal.
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